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Cabalgata junto al mar / Aída Alcalá Campos*

Con solo 500 ejemplares equinos, monturas de todos los calibres y poco más de 50 min del paso a caballo frente a mi ventana, la “Magna Cabalgata Estatal 2019”, superó con creces, desde mi punto de vista, a la parada del desfile en Ciudad de México.


Noviembre 2019 (EXCLUSIVA COMUNICA).- El pasado sábado 23 de noviembre fue en verdad, para mí, un verdadero acontecimiento histórico que, por falta de publicidad, poquísimas personas pudimos atestiguar: la “Magna Cabalgata Estatal 2019”, en la que casi 500 jinetes conmemoraron el 109 aniversario de la Revolución Mexicana.
 

 
Asomada a la ventana de mi comedor de pronto escuché una música viva, de inmediato noté el vehículo oficial de la SSP y me di cuenta que venía un grupo numeroso de ese hermoso binomio de caballo y jinete. Una cabalgata, me dije, y recordé enseguida el anhelo de Alejandra, mi linda sobrina estudiante de veterinaria.
 
El sueño de Alejandra es ver una Cabalgata en serio y aprender a montar caballo. Solo pude tomar las primeras fotos y enviárselas. Quise comunicarme con mi hijo para que saliera rápido con mis pequeños nietos a verla; pero ya saben, el buzón, siempre el buzón.
 
Ignoraba cuál era el motivo de la Cabalgata; hacia dónde se dirigían. Su paso era tranquilo, sin prisas, lo que me permitió apreciar las diversas monturas, las diferencias entre ellas; distinguir las faenas que les correspondían. Al son de la música y corridos charros algunas cabalgaduras “bailaban” y mi vista se regodeaba en esa imagen estupenda de gallardía de caballo y jinete.
 
Gentileza, soltura y agilidad mostraban todos los y las jinetes. La Cabalgata llenaba mi mirada de charrería y vaquería.  Hombres y mujeres, chicos y chicas, señoras, patrones y vaqueros, charros y mujeres de la escaramuza, niños y niñas.  Familias completas –desde abuelos, padres, madres, hijos, primos, etc.-, fueron verdaderamente un suculento episodio histórico.
 

 
Más tarde salí con mi hijo y mis nietos más pequeños –triates por cierto- sin imaginar que nos encontraríamos con un formidable espectáculo. Al pasar por el Foro vimos los caballos, una gran carpa y oímos la misma música muy alegre. Decidimos bajarnos. Eduardo y Diego de 5 añitos estaban entusiasmados, Jimena se había quedado en casa.
 

 
El movimiento dentro del foro era sensacional. Todo tranquilo y a la vez dinámico, ágil, enérgico y con propiedad. Por aquí unos hombres y chicos subiendo los caballos a sus remolcadores; por allá una joven de la escaramuza llevando a su cabalgadura hacia los enormes bebederos colocados ex profeso; frente a nosotros una joven pareja bailaba alegremente, a la manera norteña, al son de la música charra mientras un hermoso corcel, manejado por su gallardo jinete, “bailaba” al mismo son del corrido levantando rítmicamente sus patas con verdadera elegancia.
 
Adelante la enorme carpa donde otros muchos charros y vaqueros con sus familias, como La familia Herrera Martínez, de Hecelchakán, seguían el agasajo, ofrecido por el gobierno del estado, estuvo acompañado por la rifa de hermosas monturas. Todo, todo en verdad, en un ambiente fraterno, familiar, agradable, amable, pacífico.
 

 
El mismo ambiente no me permitió tomar fotos de esa hermosa romería ecuestre. Todo lo quería absorber. Y empecé a preguntar de dónde provenían, a platicar con algunas personas del porqué de la Cabalgata y me encontré con información formidable.
 
Jinetes y caballos provenían de todos los puntos de nuestro estado de Campeche: Palizada, Hecelchakán, Champotón, Pocboc, Hecelchakán, Escárcega, Candelaria, los Chenes y el Camino Real; agrupaciones charras de la ciudad capital, de la localidad de Chiná y otras más.
 

 
Con solo 500 ejemplares equinos, monturas de todos los calibres, jinetes disfrutando el paisaje en la cabalgata y poco más de 50 min del paso a caballo frente a mi ventana, la “Magna Cabalgata Estatal 2019”, superó con creces, desde mi punto de vista, a la parada ecuestre del desfile en Ciudad de México.
 
Ahí conocí al “Flaco” Espadas, de Pocboc, me hizo toda una relatoría de la génesis de su familia sobre el orgullo, la dedicación, el cariño que le ha dedicado a estos nobles animales y lo que han recibido de estos en el trabajo, la comercialización, cómo atenderlos, así como la participación de la familia y sus caballos en la historia peninsular del país, particularmente en la Guerra de Castas.
 

 
También pude platicar con Fernando Chemas Quintanilla, presidente del Consejo de Vigilancia de la Unión Ganadera del Estado de Campeche, sobre la organización de la Cabalgata. Era una invitación del gobierno para reunir a todos los charros, vaqueros y ganaderos y celebrar el aniversario revolucionario. Chemas Quintanilla y su familia están dedicados a la comercialización de ganado en Palizada.
 

 
En la tienda de la cercana gasolinera me encontré con Carlos Jasso Rodríguez, diputado por el XX distrito, quien participó también en la Cabalgata; con él estaban su linda esposa y sus hijos, todos ellos vestidos apropiadamente para cabalgar: camisa a cuadros, pantalones vaqueros, sombrero y botas. Nos saludamos amablemente y así me despedí con mi hijo y mis nietos de una tarde estupenda.
 
La convocatoria fue muy simple. Cabalgar por el malecón de esta ciudad y puerto amurallado en un ambiente festivo de convivencia fraternal, familiar y cívica que pudimos apreciar al paso de la Cabalgata durante cerca de una hora.
 

 
Los nuevos historiadores de Campeche tienen a la mano una veta riquísima, y no estudiada, de una cotidianidad campechana muy poco conocida. La especialidad de Historia de la Facultad de Humanidades debiera abrir sus líneas de investigación hacia la historia inexplorada de nuestra entidad e identidad.
 
La historia la escriben los hechos y quienes intervienen en ellos. La escriben quienes su intención no estriba en marcar un destino sino en caminar ese destino. La escriben, por cierto, sin el afán de capitalizar el hecho del momento y mucho menos en ser “reconocidos por la historia” como los protagonistas de su acontecer.

La verdadera historia de los pueblos se encuentra en su vida cotidiana en la que de pronto irrumpe un acontecer inesperado que mayormente puede ser, a partir de la irrupción cotidiana, un evento que entusiasma y responde, de manera individual o colectiva, a una convocatoria.

*Aída Alcalá Campos, articulista de nuestro Grupo Editorial Comunica, ha sido catedrática de Literatura y fundadora de la cátedra Cervantes y su tiempo en la Facultad de Humanidades de la UAC; también impartió las materias de Sociolingüística y Lingüística General de la Escuela de Periodismo y Ciencias de la Comunicación del IC y ponente en diversos congresos nacionales e internacionales sobre estos temas?

JCAC

 

Adelante la enorme carpa donde otros muchos charros y vaqueros con sus familias, como La familia Herrera Martínez, de Hecelchakán, seguían.


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